Dios, el escucha incondicional

Clama a mí, y yo te responderé… Esta fue la forma en la que Dios le dio animo al profeta Jeremías cuando él se encontraba en aún preso en el patio de la carcel. Y es que cuando vivimos momentos difíciles no hay mejor aliento que saber que en medio de nuestra crisis hay alguien que está dispuesto a escucharnos.

Parece increíble, pero hoy en día, cuando los medios de comunicación han avanzado más, es cuando la gente se comunica menos entre sí. Por eso, el saber que Dios está siempre atento a nuestro clamor es un gran alivio, especialmente porque las dificultades son parte de la vida y que mejor, que saber no estamos solos en medio de ellas.

Mi madre tenía un dicho que me gustaba mucho: “Aquel que creo el oído no es sordo”. Esta frase nos la repetía cada que pasábamos por situaciones en las que nos desesperaba no ver una respuesta pronta a nuestra peticiones. Para mi fue muy importante entenderlo ya que aprendí tres cosas que han sido claves para mi vida.

En primer lugar, aprendí que Dios ve más allá de lo que mis ojos captan, es decir, el conoce lo que es mejor para mi y el hecho de que se tome su tiempo para responder, no quiere decir que no me ha escuchado, es mas bien una señal de que las cosas van a pasar cuando sea el mejor momento para mi vida.

En segundo lugar pude entender que Dios siempre está atento a mi clamor y que es tan importante mi vida para él, que nunca no se va a cansar de escucharme. Su oído esta disponible las 24 horas del día.

En tercer lugar pude comprender que Dios busca que tenga una relación con él, que no lo tome como si fuera una aspirina a la que se recurre sólo en situaciones de problemas. La función de escuchar es parte integral de un diálogo, esto quiere decir, que yo puedo aprender a hablar con Dios y el me va a escuchar y en su tiempo me va a dar la mejor respuesta.

Lo mejor de saber que Dios nos escucha es que aprendemos a vivir en paz. La Biblia nos enseña: Por nada estés afanosos, sino sean conocidas sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Filipenses 4:6

Si necesitas quien te escuche, voltea tus ojos al cielo y abre tu boca con toda confianza. A Dios le interesas y su oído está siempre atento a tu voz.

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